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La gestión como herramienta para afrontar los nuevos retos de la OSC

9 años ago
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Escrito por: Víctor Torres


Luego de una década de redemocratización y afianzamiento de algunas mega tendencias globales, tales como el crecimiento económico con inclusión, la preservación del medio ambiente, la descentralización estatal del poder, entre otras; se ha dejado entrever que muchas de las demandas contemporáneas no pueden ser satisfechas, ni por el Estado, ni por la empresa privada de manera efectiva.

Asimismo, en el país tenemos a una ciudadanía cada vez más interconectada, gracias al desarrollo alcanzado por las tecnologías de la información y comunicación, las tendencias globales y las problemáticas existentes a lo largo del territorio nacional; motivo por el cual las tradicionales demandas dirigidas al Estado han alcanzado un nivel de sofisticación mayor.

En este contexto, tenemos que las clásicas demandas sociales trascienden la instalación del alcantarillado, el establecimiento del alumbrado público y la provisión del servicio de agua potable; para albergar temas como la exigencia de rendición de cuentas a las autoridades democráticamente elegidas, el establecimiento de mesas de diálogo con las autoridades políticas y los representantes del sector empresarial, la formulación de propuestas de políticas públicas desde la sociedad civil[1] o la movilización social en defensa de los recursos naturales del territorio.

En este contexto, las organizaciones de la sociedad civil (OSC) han venido desarrollando un rol protagónico en el plano nacional bajo el marco del desarrollo humano. Es así que las organizaciones del denominado “tercer sector” han incursionado en una amplia gama de temas valiéndose, muchas veces, del incremento de los espacios libres[2] dejados por el Estado para la incursión de la sociedad civil y la empresa.

Sin embargo, la historia de las OSC nos refiere que éstas vienen superando más de una década de debilitamiento institucional, fruto de la violencia política de los 80’s y del régimen dictatorial de los 90’s; motivo por el cual, probablemente, su accionar durante los  años de bonanza económica no representa el ideal esperado. Del mismo  modo, el accionar social se ha visto limitado por el grado de profesionalización desfasado en relación a las exigencias del nuevo siglo, lo que naturalmente ha provocado proyectos de desarrollo deficientes, organizaciones insostenibles e incidencia limitada[3].

Esta realidad lo que enmarca no es sino la necesidad de concientizar a las OSC acerca de la relevancia de las herramientas de gestión en tiempos en los cuales el cambio y el conocimiento son las dos variables que rigen el mundo organizacional.

Esta importancia encierra un doble enfoque. Por un lado, las herramientas de gestión (diseño organizacional, sistemas de planificación estratégica, monitoreo y evaluación de proyectos) coadyuvarán al fortalecimiento institucional y sostenibilidad de las organizaciones, a la vez que les proporcionan una mirada estratégica sobre el futuro y; por el otro, la aplicación de los componentes de gestión (cultura organizacional, estilos de gestión, gestión de recursos humanos, gestión de recursos económicos) les otorgarán eficacia y eficiencia en su desenvolvimiento cotidiano. Debe considerarse, además, que lo antes mencionado representa también medios aplicables a los proyectos o actividades que se tuviera a cargo, hecho que contribuye  a la calidad, eficiencia y eficacia de los productos o servicios proporcionados a su público objetivo.

Así tenemos que las OSC pueden valerse de la gestión, más que como una disciplina, como una macro herramienta que les permita afrontar los nuevos contextos, la variedad de públicos objetivo y la diversidad de escenarios. Hacemos uso del término macro herramienta, ya que la gestión abarca dos grandes elementos como los componentes y las herramientas, que se vuelcan en el campo práctico para denotar su utilidad e incidencia sobre los niveles de productividad y grado de impacto del accionar organizacional.

Podemos plasmar lo expuesto en un caso práctico. Así por ejemplo, los tanques de pensamiento[4] (think tanks) requieren, al igual que la generalidad de organizaciones, de la aplicación de diseño organizacional que delimite claramente su misión fundamental, la estructura orgánica más adecuada para acometer los objetivos implicados en tal misión, la imagen futura del escenario en el cual pretenden posicionarse, entre otras muchas cosas que requieren, al mismo tiempo, de un enfoque estratégico que represente una directriz y un conjunto de pautas plasmado en metas, estrategias, indicadores monitoreables y medios de verificación. Todo esto hace visible la relevancia de la consideración y aplicación de las herramientas de gestión para el buen funcionamiento organizacional.

Sin embargo, el éxito organizacional no se limita al correcto funcionamiento interno, sino que además, y en mayor medida en el tercer sector, es imprescindible incidir sobre su público beneficiario u objetivo. De esta forma, tenemos que los think tanks, una vez que han dejado en claro cuáles son sus líneas de acción y las estrategias para llevarlas acabo, deben procurar gestionar acertadamente sus recursos (dinero, infraestructura, personas, tiempo, entre otros).

En primer término, requieren de un adecuado planeamiento financiero que involucre, tanto una estrategia de recaudación de fondos, como una de inversión. Naturalmente, un componente de este tipo para el sector en cuestión no involucra tasas de retorno de la inversión económica en la que se incurre, pero sí debe promover la preocupación por la rentabilidad social que determinado programa o proyecto estipulado debiera originar.

Ahora bien, con unas líneas de acción e indicadores tipificados, y con los recursos económicos necesarios para financiarlos, se requiere centrarse en la gestión de los recursos humanos responsables de convertir esos insumos en un producto final socialmente rentable. De esta forma, el área de recursos humanos debe procurar reclutar y seleccionar grupos de profesionales con el perfil para desarrollar temas de pobreza o exclusión económica-social, por ejemplo, y otros con un perfil más analítico para estudiar la evidencia recabada y emitir juicios o asumir posturas que involucren al centro de investigación en su conjunto.

Si bien es cierto que existen otros componentes más como la comunicación, con la relevancia que implica el mensaje y los lenguajes empleados para dirigirlo a diferentes auditorios, o la gestión de las relaciones de poder, con las sinergias, tensiones o desavenencias derivadas del enfrentamiento de intereses; el pequeño marco descriptivo detallado ha tratado de ejemplificar cómo las diferentes aplicaciones brindadas por la gestión, como disciplina, se interrelacionan y retroalimentan a sí mismas irradiando mejoras que confluyen en el logro de los objetivos estratégicos y en el beneficio de los grupos sociales con los que cada organización trabaja.

De esta forma, podríamos concluir el presente documento aseverando que, si bien las organizaciones de la sociedad civil disponen de capital social para asumir proyectos que abarquen algunos de los diferentes temas de la agenda contemporánea y otros que se vienen arrastrando desde hace décadas, deben cuestionarse o replantearse el grado de efectividad que esperan se desprenda de sus emprendimientos. Esto, probablemente, conllevará a que encuentren en la gestión a una disciplina que ofrece un enfoque multidimensional de la realidad, al tiempo que dispone de una gama de herramientas útiles para afrontar las especificidades de cada dimensión; especificidades que aunadas a los cambios inesperados del mundo globalizado suelen complicar el accionar de las organizaciones del tercer sector.

Por todo lo expresado, se puede concluir que la gestión aparece actualmente, por un lado, como un enfoque multidisciplinario que les permite a las OSC visualizar las diferentes aristas de los problemas sociales con los que lidia; mientras que, por el otro, representa un gran proveedor de componentes, técnicas y herramientas para sobrellevar el accionar diario de cualquier organización, pero sin descuidar el fin último del tercer sector: generar incidencia social sobre públicos objetivos delimitados.


[1] Según Jean Cohen en “Sociedad civil y teoría política” entendemos a la sociedad civil como una esfera de interacción social entre la economía y el Estado, compuesta básicamente de las esferas íntima (en especial la familia), de las asociaciones (en especial las asociaciones voluntarias), los movimientos sociales y las formas de comunicación pública. Asimismo, la sociedad civil moderna se crea por medio de formas de autoconstitución y automovilización; se institucionaliza y generaliza mediante las leyes, y especialmente los derechos objetivos, que estabilizan la diferenciación social.

[2] El Estado peruano contemporáneo tiene una tendencia natural hacia el proyecto neoliberal, aunque de acuerdo a lo propuesto por Luis Carlos Bresser debiera enmarcarse en el modelo de Estado social liberal, lo que conlleva a que la esfera pública tienda a acortar su campo de acción, limitándose al rol de regulador y promotor de la inversión privada. En este contexto, un grupo cada vez más amplio de demandas sociales pasa a tener como receptores a las empresas privadas y a las organizaciones de la sociedad civil, de lo que se desprende que éstas últimas cobren gran relevancia al considerar que un gran porcentaje de las demandas es dejada de lado por el empresariado al no representar oportunidades lucrativas.

[3] Para Cáceres, en “Lecciones y desafíos de la incidencia política en el Perú de hoy”, podría decirse que incidencia política es el grado de influencia que se tiene sobre la agenda política para llegar a posicionar una problemática específica a través del aprovechamiento de una ventana de oportunidad.

[4] Los think tanks son centros de investigación que, sin aspiraciones de lucro, están involucrados en el acercamiento del conocimiento o evidencia a las políticas públicas. De manera que, representan organizaciones no lucrativas que no sólo se limitan a la producción de conocimiento o evidencia empírica, sino que apelan a que sobre esa base se pueda asumir una postura sobre determinada problemática, de manera que se pueda incidir sobre ella a través de la conformación de redes interinstitucionales y la difusión del conocimiento.

Bibliografía

  • Bresser, Luis, Lo público no estatal en la reforma del Estado. Editorial Paidós. Buenos Aires: 1988.
  • Cabtree, Jhon. Construir Instituciones: Democracia, Desarrollo y Desigualdad en el Perú desde 1980. Lima: PUCP. Fondo Editorial y CIUP – Centro de Investigación de la Universidad del Pacífico, 2006.

  • Cohen, Jean, Sociedad civil y teoría política, México: Fondo de Cultura económica, 2000.
  • Panfici, Aldo, Participación ciudadana en el Perú: disputas, confluencias y tensiones. Lima: Fondo editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú,  2007.
  • Olvera, Alberto, Organizaciones de la sociedad civil: breve marco teórico, México, 2008.

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