Una verdad económicamente incómoda

9 años ago
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Por: Hugo Bernardo Ayme  – Alumno de Economía de la Universidad Nacional del Centro del Perú.

Sin duda alguna el documental emitido el año 2006 y conducido por Al Gore, “Una Verdad Incómoda”, causó revuelo mundial por su contenido reflexivo y crítico acerca de los efectos del calentamiento global generado por la actividad humana sobre el planeta Tierra. Fue tanto el revuelo, que Al Gore obtuvo el Premio Nobel de la Paz en Octubre del año 2007.

El presente artículo tiene poca y mucha implicancia a la vez con esta mención acerca del Nobel, es decir, la dialéctica seguirá su curso en los puntos de vista que se pondrán a continuación.

La verdad

Es una realidad innegable la actual crisis ambiental a la que estamos expuestos, producto de la contaminación de aquellas empresas y grupos de poder que se ensañan en producir y acumular mayor riqueza a costa de todo y a costa de los daños irreversibles tanto ambientales como económicos. ¿Y cuál es el panorama actual de la crisis económica financiera mundial o dicho de otra manera “el calentamiento económico global del planeta Tierra”?

El caos que se pone de manifiesto en las líneas anteriores es la actual crisis financiera mundial que viene acarreada por preocupaciones en diversos países, incluido el nuestro. Es cuestión de tiempo e inevitable la caída de la economía Griega y con ella el desplome inmediato de las economías de la zona Euro. Equivoca y tardíamente se pretende duplicar la capacidad de préstamo del fondo actual (de la Zona Euro) para así llegar al billón de euros con el fin de solucionar cualquier problema económico que podría presentarse en economías más grandes como la de España e Italia.

Mientras tanto, en el otro extremo, Estados Unidos ha entrado en una confrontación política tras la propuesta del ejecutivo de implementar un estímulo fiscal. De no aprobarse dicha ley, las proyecciones son desfavorables en cuanto a su crecimiento económico, pues estaríamos hablando de un crecimiento mínimo de 1% a 2% para el cierre de este año.

Al respecto, Bruno Seminario (Catedrático de la UP), menciona al respecto en su artículo Después de la crisis que tres son las fuerzas que parecen impulsar la expansión de la economía de los Estados Unidos: la inversión en inventarios, el crecimiento exportador y la innovación tecnológica. Sin embargo, son también tres los determinantes de su debilidad: la depresión de la construcción, el endeudamiento de las familias y la falta de competitividad internacional. Todo ello viene a ser una simple abstracción lógica del famoso estudio acerca de las Crisis y los Ciclos Económicos publicado en 1939 por Joseph Schumpeter. Dicho estudio señala que en una sociedad industrial existen ciclos de diferente longitud dominados por distintos fuerzas; el ciclo de Kitchin de corta duración, que expresa la dinámica de los planes de pro¬ducción y de los inventarios; el ciclo de Juglar, el cual dura entre ocho y once años es está determinado por los programas de inversión en infraestructura o capital fijo; y el ciclo de Kondratieff, el cual dura casi medio siglo y está relacionado con el impacto de las innovaciones tecnológicas. Así como Schumpeter, muchos otros economistas pusieron y siguen poniendo en evidencia a través de sus modelos y teorías econ

ómicas el factor tecnológico como variable exógena de largo plazo para explicar el comportamiento de las crisis, ciclos económicos y sobretodo periodos de recuperación. Sin embargo, ¿cuál es el trasfondo de todo esto, o las características cualitativas de ese factor de innovación tecnológica? Pues dichas innovaciones tecnológicas, como se vienen dando, son solo salvatajes y formas de lucha en pos de la sobrevivencia del actual sistema y sobre todo de aquellos pocos poseedores del capital. De este modo, como indicó Marx, la maquinaria en manos del capital acaba convirtiéndose en un medio sistemático para movilizar más trabajo en cada momento o explotar la fuerza de trabajo de un modo cada vez más intensivo.

Es duramente cuestionable la Ciencia Económica por el timorato desempeño en la solución de problemas de índole social presumiblemente a raíz de la excesiva abstracción de sus contenidos teóricos (deficiente interpretación de la realidad circundante). La evidencia más contundente es la actual crisis, pues son indignantes muchas de las afirmaciones de los economistas con respecto a esta. Por ejemplo, sin irnos más lejos, en el Perú, el Ministro de Economía y el propio Presidente del Banco Central de Reserva del Perú están simplemente a la espera de lo que suceda en el exterior, a lo que los dos llaman “a la espera de que se decante la situación”. De este modo, más allá de las políticas de prevención frente a la crisis, lo que es seguro es que si tales medidas no rinden fruto alguno, nos saldrán con el cuento de siempre de los shocks externos y de que son factores no controlables y de comportamiento muy irregular (lo que en estadística se llama comportamiento estocástico).

Incomodidad y Disconformidad

“Que se escuche la voz del 99 por ciento del país y no la del 1 por ciento que sigue enriqueciéndose”

Esta es una de las tantas frases que se han venido protagonizando en estos últimos días en la ya famosa huelga de “Los indignados” la cual viene extendiéndose en varias partes del mundo.

La humanidad se encuentra en estos momentos en medio de la crisis mundial más profunda que se ha vivido desde la de la década del 30 del pasado siglo XX. La misma que ha sido resultado del desarrollo de las sociedades industrializadas que se proyectan sobre la base de alcanzar objetivos económicos a costa del agotamiento de los recursos naturales, la contaminación del medio ambiente y la distribución altamente desigual de los beneficios materiales y sociales. El gigantesco crecimiento de las ganancias monopolistas es una muestra evidente de la intensificación de la explotación de la clase obrera en el actual sistema económico. El aumento de la intensidad del trabajo en la actualidad, que por cierto es parte del reclamo de la huelga de “Los indignados”, es uno de los más graves problemas con los que debe enfrentarse la clase obrera de los países capitalistas diariamente. Nunca antes los obreros de los países capitalistas se veían obligados a soportar tal ritmo de trabajo, trabajar tan intensamente como en la actualidad.

Estoy muy seguro de que el empobrecimiento absoluto de los pequeños productores (cuya representatividad en el Perú es la mayor de toda la actividad económica) se pone de manifiesto en su desmesurado trabajo, en el abarcamiento de una mayor cantidad de su desempleo oculto, en la caída de su economía y, finalmente, en su pobreza extrema.

La tecnología al servicio de las masas: Disminución de la jornada laboral y pleno empleo


Anteriormente se había indicado que la innovación tecnológica, como es usada actualmente, solo sirve como herramienta para hacer sobrevivir el actual sistema y servir a los intereses de la minoría que posee gran capital. Este hecho puede ser claramente contrastado con lo indicado por Gorz, el cual señala que a pesar de que los avances tecnológicos den lugar a un gran ahorro en mano de obra y aumento considerable de la productividad, las horas de trabajo se han mantenido constantes. De este modo, el trabajo requerido por la economía en los próximos diez y quince años habría disminuido en 22 por ciento y 33 por ciento respectivamente. En ese sentido, señala Gorz, o bien el régimen de empleo se mantiene invariable obteniendo de este modo a un tercio de la población mundial desempleada, o reducimos la jornada laboral de trabajo en proporción al ahorro de mano de obra y contribución a la productividad de los avances tecnológicos. No solo se aprovecharía verdaderamente la contribución de la tecnología, sino se lograría el pleno empleo en el mundo. Es decir, de lo que se trata es de poner la innovación tecnológica al servicio de las masas y no solo a la de unos pocos.

Una de las mayores preocupaciones y reacciones frente a este planteamiento, se refiere a que se piensa que dicha reducción de la jornada laboral iría acompañada de una reducción del salario y, de ese modo, el poder adquisitivo también caería. No obstante, este planteamiento requiere una serie de reformas y políticas específicas, precisamente, una política social que haría que el ansiado poder adquisitivo no dependa de la cantidad de horas de trabajo realizadas, sino en la cantidad de riqueza social producida. Asimismo, de lo que se trata también es de desterrar la idea individualista de trabajar más y más para ganar más, pues ello logra que uno trabaje a costa del desempleo de otro, hecho que se desencadena en crisis como la que estamos viviendo actualmente. En conclusión, el pensamiento individualista debe ser desterrado en aras de la sostenibilidad, y la tecnología debe ser puesta al servicio de todos. Esta idea podría parecer descabellada, no obstante, creo que representa la solución más sensata posible a esta serie de crisis económicas y desempleo en el mundo. Si las personas seríamos la variable más importante en los modelos económicos vigentes, todo este planteamiento tomaría más sentido. En ese sentido, señores economistas, sería pertinente revisar esta última frase de Marx: “La razón siempre ha existido, pero no siempre en una forma razonable”.

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